EXTRAÑAS ENTIDADES

Lo primero que se me viene a la mente, es ese instante.

El espacio era frío y sombrío, la casa siempre estaba rodeada de una extraña niebla que envolvía la sala de estar; no estoy segura de tener que avanzar, no estoy segura de querer hacerlo en realidad. Algo en mi interior me hace sentir temor acerca de lo que puedo descubrir.

Pero eternamente realizo el mismo viaje.

Extrañas entidades comienzo a identificar, tienen la mirada fija en mí y eso me hiela la sangre. Ellos saben quién soy yo, pero no logro reconocerlos más que de esta iterativa experiencia. Continúo mi andar hacia el mismo lugar de siempre, pero cada vez que paso junto a esos entes, susurran en mi oído algo que no logro entender y me da escalofríos. Su hálito es frío.

Llego finalmente a la última etapa y la reconozco porque es aquella puerta que jamás me atrevo a abrir… ¿Cuántas veces más debo repetir este viaje, para poder revelar qué hay ahí? Consigo armarme de valor y abro la puerta… Nunca había llegado tan lejos.

No alcanzo a asimilar qué estoy percibiendo, cuando de pronto llama mi atención una respiración jadeante, acompañada de suaves pero guturales gruñidos. El sonido inquieto del agua me alerta de que quienquiera que sea, se está moviendo rápido. Con mucho recelo entro en la habitación y avanzo a la bañera… Estoy segura de que realmente no querría haber descubierto esto…

Dejo salir un grito desesperado, que sólo termina cuando salgo del trance y me doy cuenta de que aún sigo en la puerta… estoy a un paso de entrar.”

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